Y llegó navidad, acontecimiento relacionado al nacimiento de Jesucristo, que acerca a las familias paraguayas, muy especialmente con la reunión de Nochebuena. Este 2008, como se viene repitiendo años atrás, en muchos hogares no estarán sentados a la mesa miles de compatriotas que se marcharon a otros países, especialmente a Argentina, España y Estados Unidos.
Tal vez no falte un pedazo de pan en la mesa hoy, pero la alegría de compartir con esos seres queridos ha sido arrebatada, fundamentalmente, por los políticos de turno del pasado y, porqué no decirlo, de muchos que en el presente se abanderan como voceros del pueblo, que se enriquecieron a costa del desmembramiento familiar.
No es casualidad que más de un millón de paraguayos emigraran a otros países sudamericanos o europeos. No lo es. Los políticos, en particular aquellos que detentan el poder del estado, y seguramente estarán con la familia intacta y reunida cuando lleguen los primeros segundos de la navidad, tienen mucho de culpa, y por lo tanto la responsabilidad y el compromiso de atender las necesidades de los paraguayos que residen y trabajan en el exterior, y con aquellas familias que se vieron afectadas por este fenómeno.
La emigración es una cuenta pendiente de todos aquellos que tuvieron en sus manos la administración estatal, y condujeron por los caminos errados, los destinos de la población, que tiene sus inmediatas consecuencias sociales, matrimonios disueltos, cuentas para solventar un viaje al extranjero para probar suerte, problemas de aprendizaje en los hijos, depresiones, suicidios, desarraigo y otros nocivos resultados.
Es altísimo el costo de la corrupción en las instituciones públicas, la desidia judicial y la ineptitud parlamentaria. El desgaste emocional que ocasiona la emigración es peligroso, y en fechas como la de navidad y año nuevo, más aún.
Los recursos para las soluciones a los graves problemas del país en manos torpes, ineptas o maliciosas, son un desperdicio para la mayoría, que solo benefician a un sector pequeño y privilegiado de la población.
El espíritu navideño debe conducir a las autoridades actuales a comprometerse por un país mejor. El clima social cotidiano, pese a encontrarse en este momento de alivio que abraza la esperanza de días mejores, luego del cambio de gobierno, con la derrota del partido colorado en las presidenciales, no es bueno, ni suficiente, ni estable para alardear por logros inexistentes. Todavía hay muchos asesinatos que enlutaron hogares, asaltos a la luz del día, actos de corrupción, mal servicio estatal, invasiones de tierra, despilfarro innecesario de la plata del estado, falta de trabajo, y emigración.
La gente espera de las nuevas autoridades una gestión diferente, transparente, y beneficiosa a toda la sociedad paraguaya, que se logrará cuando, los que tienen en sus manos la lapicera, cambien de actitudes, se unan más allá de las banderas políticas, combatan la corrupción, la pobreza y el olvido de valores, que hacen fuertes a una nación.
Si el 25 de diciembre es la fecha adecuada para pensar en el nacimiento del que a los 30 años se convirtió en el maestro de maestros, nada mejor que nacer de nuevo también, cambiando de mentalidad, una reconversión en política para sacar al país adelante.
Ojo, eh.