lunes, 21 de abril de 2008

ACLARACIONES QUE OSCURECEN

“Hubo una mala interpretación de la gente” o “la prensa malinterpretó” son (y por lo que parece, serán) las frases más recurrentes del gobierno cuando se cuestiona un discurso que da. Al presidente Fernando Lugo le cuesta mantener una postura sobre sus palabras, por lo que su discurso no tiene consistencia. Luego de las reacciones naturales que se desatan de los sectores afectados en lo dicho por el presidente, Lugo delega a sus ministros la desagradable tarea de aclarar o desmentir posiciones que supuestamente no tiene, a través de improvisadas conferencias de prensa.

El caso más reciente es lo ocurrido con un grupo de ministros que salió a responder el comunicado de la Unión de Gremios de la Producción (UGP), “Entendimos muy bien, se nos acusó de terrorismo”, publicado en los principales diarios, en el que señala su disgusto con el discurso de Lugo ante las NNUU, porque se sintieron acusados de “terroristas”. Más allá de un frágil argumento esgrimido por el gabinete de Lugo, el hecho es que esto, por las características personales del presidente, será la constante. Lugo dirá algo, se generará un debate en la sociedad, cuando el tema se ha posicionado en la opinión pública, saldrán sus colaboradores cercanos a esbozar alguna aclaración. Lamentablemente, esto solo genera más confusión en cuanto a las verdaderas intenciones que manifiesta el presidente.

Por lo general el mandatario lanza discursos con una carga ideológica, que luego no los asume. El problema no es la corriente en la que quiera sustentar su gestión, sino en su cobardía para asumir lo que dijo y en las dimensiones ideológicas inicialmente intencionales.

Lugo ya no es el Obispo. Lugo es el Presidente de la República. Lugo no está en un Monasterio con inmensos ratos libres para recibir una inspiración divina que pueda predicar en el púlpito durante las aburridas misas católicas. Lugo está al frente del poder ejecutivo y debe ser diferente. A Lugo no le gustan los debates, y cuando participa en alguno de ellos, solo se limita a leer un libreto preparado por otros. Está claro que la palabra no es un don que desarrolló el ex obispo en su largo paso por la Iglesia Católica. Si puede, huye de los paneles donde deba responder sobre temas que puedan resultar difíciles. Durante su campaña electoral le plantó a la UGP, a Universidades y hasta al propio Humberto Rubín, en canal 4.

Evade con una sonrisa, seguida de una carcajada las entrevistas que le resultan comprometedoras. Las re-preguntas de los periodistas no le gustan. Viaja al extranjero cuando se ve en aprietos y regresa cuando las aguas se calman. Lo hizo durante su campaña electoral para las presidenciales, y de seguro lo seguirá haciendo durante su mandato. En casa es ideológicamente más de centro, pero para los vecinos pretende ser del Socialismo del Siglo XXI.
Una de las promesas de Lugo ha sido ser transparente. Entonces, cuando hable, opine, o informe, que solo sea sincero. Que no deje nada al azar sin que lo aclare. Que no sea como lo del supuesto plan de complot contra su gobierno, que apenas instalado, denunció y al final, según sus propios voceros, no pasó de ser un desagradable rubor de peluquería.

Ojo, eh.

No hay comentarios: