lunes, 21 de abril de 2008

Diferencia de culturas

Recuerdo una infeliz historia que la observé desde muy cerca: Una madre retiró a su hija del colegio en el que estudiaba -apenas semanas después del inicio de actividades escolares- porque sus raíces religiosas eran incompatibles con los ritos cristianos muy practicados en la institución.

La niña era musulmana; y la mayoría del colegio, católicos. La niña abandonaba la sala de clases todas las veces que los profesores rezaban el “Padre nuestro” porque manifestaba que ello iba contra su conciencia, pues podía pecar y ofender a su Dios. No rendía honores a símbolos patrios como a la bandera del país ni entonaba el Himno nacional. Prefería aislarse.

Tanto sus profesores como los directivos y sus compañeros de grado trataron de “adaptarla” a las costumbres, pero esta idea no prosperó.

La niña musulmana, muy a pesar de la timidez propia de la edad frente a otros jóvenes de conductas diferentes, se convertía casi en un espectáculo único y sorprendente no solo para sus compañeros de grado, sino también para el resto de la institución, pues ella aplicaba estrictamente sus ritos. No le importaba en qué lugar del colegio se encontrara para ponerse de rodillas y orar a Dios, lo que era observado con extraña atención por sus pares.

La niña que empezaba a entrar en etapa de la pubertad también sufría una crisis de convivencia por esta situación. Finalmente, la madre la retiró del colegio, y la niña perdió un año de educación.
Lo que pueden crear las diferencias culturales…!

Este caso de por sí se tornó sin solución. Más allá de la buena predisposición de los maestros, de la compresión de sus compañeros de aula, el “sistema educativo”, la limitaba y la excluía. Por ello, cuando escuché que las nuevas autoridades desde el Ministerio de Educación y Cultura realizarían cambios estructurales, me puse tan contento. Necesitamos una educación basada en la inclusión y en la pluralidad.

Sus padres exigían que se tengan criterios de evaluación diferenciados para la hija, que contemplen aspectos únicamente a la cultura musulmana. Sin embargo, el programa de estudios de todas las asignaturas ya contemplaba los contenidos a desarrollarse, en su mayoría cuestionados por la familia musulmana.

Si se discutía la vida de Jesús o si en algún momento de la clase un profesor hablaba de educación sexual, la niña inmediatamente se retiraba hasta que el tema se agotara. No participaba de las clases de educación física porque las actividades se realizaban con “pantalón” buzo porque este uniforme de gimnasia podría “tentar” a Satanás, según justificaba.

La niña tropezó con este tipo de dificultades en todas las materias, y los docentes quedaron desconcertados, no sabían qué hacer, porque mientras intentaban desde la comprensión -sin dañar su libre elección de culto- ayudarla a que se convierta en una alumna participativa, considerando que el sistema ya establecía los mecanismos de evaluación.

Por un lado estaba el deseo de estudiar de la niña, pero obviamente con sus limitaciones, y por otro, estaba la compresión de los maestros a su situación, y finalmente el sistema que obligaba a la pequeña a someterse o a retirarse. No tenían salida ni la musulmana, ni los maestros.

De por sí los países discriminan a los de culturas diferentes por las inflexibles estructuras culturales y sistemas de regulación de convivencia. La falta de renunciamientos de unos y la incomprensión sistemática de otros terminan por discriminar a los extranjeros.

No caben dudas de que las culturas opuestas (generalmente religiosas) son camisas de fuerza que atan a un modo de vida en una determinada nación o región, que finalmente crean los sistemas de convivencia, y excluyen a los de condiciones diferentes.Si en los propios sistemas de regulación existieran pluralidad y más humanismo, no existirían tantas exclusiones. Los renunciamientos también se hacen necesarios para la armonía social, de otro modo, todo seguirá igual
Ojo, eh.

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