domingo, 20 de abril de 2008

¿Por qué ganó Lugo?

La caída del Partido Colorado luego de 61 años en el poder y la irrefutable victoria de Fernando Lugo no fueron accidentales; muy por el contrario, tienen sólidas razones.
A Lugo le ha favorecido ser una figura política nueva para vencer en las elecciones generales del pasado 20 de abril. Socialmente no era un desconocido, ya que provenía de la más alta cúpula eclesial, y con esto, muy a pesar de sus detractores fariseístas, conquistó el voto católico, pues Nicanor Duarte Frutos no era bien visto por el pueblo que profesaba una religión contraria a las creencias de su Presidente. Irremediablemente, el pueblo es católico y quiere un presidente católico.
El ex obispo Fernando Lugo no hizo escuela en política, ni tuvo experiencia partidaria, nunca antes administró un cupo estatal, por lo tanto llega sin manchas al poder –fundamentalmente- de la mano de los liberales, y en alguna medida de los sectores de izquierda, con la expresión mágica: El Cambio.Supo capitalizar el hartazgo de la gente hacia Nicanor, que si bien al cierre de su gobierno deja aspectos positivos en cuanto a lo macroeconómico, este logro no se siente en la calle, con lo que se convierte solo en un resultado para los papeles
La mayoría del pueblo se cansó de los malos gobiernos colorados, por lo que le pasaron a Nicanor Duarte la factura con el número seis. Blanca fue una buena candidata y reconoció con dignidad la victoria de Lugo, pero es Nicanor el verdadero y gran derrotado para quedar en la historia como el responsable de este inesperado fracaso colorado.
La fuga de votos colorados hacia carpas de la Alianza es otro aspecto a tener en cuenta, pues al despreciar el protagonismo político del ex precandidato colorado Luis Alberto Castiglioni, no solo se perdió un voto como creía Nicanor, sino a más de 400 mil electores, como se comprobó en las internas de la ANR, del 16 de diciembre pasado
La liberación de Lino César Oviedo de la prisión de Viñas Cue no fue buena estrategia de Nicanor, pues el general (SR) entusiasmó a una parte importante del electorado y no solo logró votos de luguistas, sino también de los mismos colorados. Fadul y los demás candidatos presidenciales no incidieron en el resultado final.Ahora quedan interrogantes tales: ¿cómo va a quedar el Partido Colorado que administró el aparato estatal por más de seis décadas y cómo va a subsanar su condición de derrotado, herido y divido?
El partido colorado fue poder en la Dictadura y en la transición democrática, y en ninguna de estas etapas convenció electoralmente para permanecer en el gobierno. Debe servir de lección aquellos malos pasos para no volver a cometer los mismos errores.Con aquella fiesta cívica, no solo se acabó la hegemonía colorada, con ello nace la esperanza que terminó con la obediencia a la presión colorada bajo el prebendarismo y el clientelismo.
La sociedad ya no es la misma de cuando nacía nuestra democracia. El pueblo se cansó y ya no quería vivir la misma situación. Ahora hay una mentalidad diferente. El pueblo utilizó su poder en el cuarto oscuro para el cambio.No caben dudas, de que se dieron las condiciones institucionales para el triunfo de Lugo.
El Tribunal Superior de Justicia Electoral realizó una buena tarea, punto positivo para nuestra democracia que fue reconocido por los observadores locales e internacionales, que a propósito diligentemente controlaron el desarrollo de las elecciones, así también el rápido reconocimiento de la derrota por la candidata oficialista y el seguimiento informativo de periodistas paraguayos y de todo el mundo.
El ex obispo pudo generar la esperanza de un nuevo país en los sectores más desprotegidos, que venían soportando el abandono estatal, viendo cómo solo unos pocos se beneficiaban con los cargos públicos.
El haber esquivado los problemas más fuertes durante su campaña con viajes al extranjero hasta que las aguas se calmen o ausentarse en varios debates, le permitió no entrar en el juego de las polémicas, pero al mismo tiempo le deja un mal precedente por no saber cómo encarar estos desafíos.
Otro aspecto a señalar es la percepción de que ganaría la oposición, instalada en alguna medida por los medios masivos de comunicación que publicaban sistemáticamente encuestas que posicionaban al ex obispo 10 a 15 por ciento por encima de la candidata oficialista.
Lugo vendió dos imágenes sobre su candidatura en menos de dos años. La primera, que era el candidato más honesto, lo cual le daba credibilidad. La segunda, que era el candidato más plural, que aglutinaba a sectores de todas las banderas partidarias.
En política es buena combinación la honestidad con la pluralidad.Le sacó provecho al contexto actual: pobreza, corrupción, desigualdades, desidia estatal, impunidad sistémica, masiva migración, para llegar no solo como una propuesta electoral, sino como un proyecto diferente e incluyente que atenderá a todos.
Todos esperamos que este cambio de gobierno traiga mejoras que vayan más allá de las cifras y se sientan en cada hogar de esta bendita república, y al final del mandato no tengamos que reclamarle nada.Si bien soy uno de los que no simpatiza con Fernando Lugo por cuestiones ideológicas, creo que esta alternancia en el poder ejecutivo le hará bien al país. Para los que miramos este proceso con un reservado optimismo, vale darle el voto de confianza al nuevo presidente. Ahora sin demasiados discursos populistas, manos a la obra.
Ojo, eh.

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