Paseaba por varias avenidas de Asunción, cuando encontré en cada semáforo a mas de un anciano pidiendo limosnas o imposibilitado de ponerse de pie. Las veredas, paseos centrales o plazas municipales se han convertido en sus incomodas habitaciones sin paredes, sin techos, sin camas, sin nada más que el rodeo de un caliente aire de todos los días.
Señoras de edad muy avanzada con niños pequeños en brazos, indígenas y ancianos sin cabida en sus hogares y sin atención del estado deambulan por las principales calles de la capital, esperando -resignados- el final de sus vidas, que le den el descanso eterno. No quiero parecer melodramático, pero siento una indiferencia de las autoridades hacia estos desafortunados compatriotas.
El número de personas mayores de 60 años se incrementará en forma sostenida en todos los países de la región, según la Oficina de Asuntos de Población de la División de Población (CELADE) de la CEPAL. Los 41 millones de adultos mayores existentes en la actualidad aumentarán a 57 millones entre los años 2000 y 2025 y a 86 millones entre 2025 y 2050. La región tendrá 98 millones de adultos mayores en el 2025 y 184 millones en el 2050.
El organismo internacional recomienda que estos retos deben ser enfrentados con políticas públicas audaces, de amplia cobertura, solidarias y eficientes, que no sólo focalicen su accionar en los adultos mayores sino que también aporten a construir una sociedad para todas las edades en la cual la seguridad y calidad de vida en la vejez sean forjadas desde la juventud.
En el área de la seguridad social, la inversión a futuro implica ampliar la cobertura previsional laboral para que incluya a los trabajadores informales normalmente excluidos, así como disminuir la proporción de trabajadores que dejan de cotizar por la inestabilidad de empleo o por sus bajos ingresos. Es necesario desarrollar acciones específicas de protección social para los adultos mayores más vulnerables. En el área de la salud debe hacerse una gran inversión en prevención para disminuir la discapacidad y potenciar el envejecimiento activo.
Ante este viejo problema social, ¿qué hace el nuevo gobierno? ¿Dónde está la dignificación de estas personas? Puedo parecer un poco apresurado, ya que el presidente Fernando Lugo y su equipo acaban de cumplir sus 100 días de gestión gubernamental, pero tampoco puedo ocultar mi deseo de que estas personas de la tercera edad reciban, sin más demoras, la atención que se merecen.
Sin embargo, debo reconocer que he visto a personas muy comprometidas de la talla de Ramón Artemio Bracho, de la Cruzada Mundial de la Amistad; Marcelina Gómez de Palacios, de la Federación Iberoamericana de Asociaciones de Personas Adultas Mayores; Ricardo Candia, de la Fundación Paraguay; José Luis Jarolín Palacios, Defensor Vecinal de Asunción; Jorge Quintás, del Ministerio de Salud; Patricia Giménez León, de IPS; Stella García Agüero, de la Secretaría de Acción Social, y otras tantas son las que trabajan a diario por los adultos mayores, y a las que la ciudadanía se debe unir. Si existiera un Ministerio del Adulto Mayor, se lograría aglutinar los esfuerzos que se hacen y el trabajo tendría más impacto.
Ojo, eh.
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