Personas que fueron abandonadas en la última etapa de su vida, más que nunca necesitan acompañamiento, consideración, solidaridad, paciencia y mucho cariño, gestos que los perdieron de sus hijos y demás familiares.
Sin demasiado presupuesto y con esporádicas donaciones de gente anónima de buen corazón, esta Residencia hace mucho. De algún modo, suple la ausencia de los seres queridos, y les ofrece una vida digna, donde son cuidadas y respetadas sin discriminación. Comparten recuerdos y actividades manuales con otras mujeres de similares historias, que las mantienen ocupadas y las hacen sentir útiles.
Muchas de las ancianas se encuentran acostadas en sus camas sin poder levantarse desde hace meses, con enfermedades terminales, esperando su ida final, con problemas de salud recientes, o males propios de la edad. Hay quienes padecen desde problemas cardiacos a quienes sufren de Alzheimer. Sin embargo, todas reciben atención médica permanente.
Además todos los días, reciben una alimentación adecuada a la edad, que las fortalece. Quien recorra los pasillos y restantes secciones, verá cómo se destacan por la limpieza, el orden y la pulcritud. Durante el día, pasan permanentemente música funcional religiosa o temas instrumentales, que fortalece el ambiente de un espíritu armonioso.
Cuando las internas pasan por una etapa terminal de alguna enfermedad son trasladadas a la “Sala Divino Niño”, que se encuentra en la parte contigua a un salón velatorio. Recuerdo que la Directora Fortlage Machuca, una persona llena de paciencia y profesionalismo, religiosa de la Congregación Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, había dicho que “la muerte les sorprende a las abuelitas con mucha paz. Le atendemos sus últimos días con mucha dignidad”.
Este albergue, que funciona desde 1915, tiene una realidad, tiene muy buenos servicios, pero también necesita más donaciones, de modo a cubrir los gastos de gas, luz, agua, pañales, remedios, silla de ruedas, abrigos, alimentación y otros. Es un sitio ejemplar, pero la sociedad no le puede cargar toda la responsabilidad de atención y cuidado de las personas de la tercera edad, ya que son limitados sus espacios y recursos.
En tal sentido, nada mejor que potenciar los “Centro de Día” para Adultos Mayores, que es un programa de actividades profesionalmente diseñado para promover el bienestar por medio de servicios sociales y de salud. Instituciones como estas funcionan durante las horas del día, de lunes a viernes, en un ambiente seguro y agradable e incluye con una alimentación nutritiva.
Con los “Centro de Día” se puede lograr la protección, atención, ayuda y orientación a las personas de la tercera edad, así como conocer y analizar su problemática para encontrar soluciones adecuadas. Y, fundamentalmente, le permite a los abuelos regresar a la casa de origen junto a sus familiares.
Ojo, eh.







.jpg)

Ante una percepción social que le restó credibilidad a sus mandatarios y el sarcasmo que se ganaron de los jóvenes, los docentes, “los segundos padres” de los alumnos, cumplen una función que va más allá de transmitir conocimientos para llenar la cabeza de información a sus estudiantes.







