jueves, 30 de abril de 2009

A mal ejemplo estatal, buenos docentes


Hoy, en medio de un ambiente político tenso que se vive desde el mismo gobierno, cabe resaltar la figura de los maestros, que, teniendo en sus manos la enseñanza escolar de miles de niños y jóvenes, son agentes protagonistas “anónimos” ante esta coyuntura mediatizada.

El país presencia los primeros nueve meses de gestión de las nuevas autoridades, con hechos salpicados de escándalos a “grandes escalas”, que dejan mal parado a Paraguay ante las naciones del mundo, como las denuncias por filiación al propio presidente Fernando Lugo, quien siendo obispo de la Iglesia, se involucró sexualmente con mujeres, lo que fue cuestionado duramente por los católicos y tomado en burla y para la joda hasta por los extranjeros.

¿Qué ejemplo del estado pueden rescatar los adolescentes para imitar en su camino a la formación de su personalidad, si entre los mismos presidente Lugo, vicepresidente Federico Franco y ministros del gabinete ejecutivo, no existe entendimiento ni relacionamiento adecuado, que redunde en beneficio de la ciudadanía?

¿De la galería política paraguaya: a quién admirar, en quién confiar, a quién seguir sin que, en algún momento, no quedemos decepcionados, ya que los gobernantes de turno, si abren la boca, no es para anunciar proyectos de progreso para el país, sino para meter una y otra vez la pata?
Dijeron “hablar por el pueblo”, se abanderaron con causas nacionales, prometieron traer el cambio, pero ni un paso distinto han dado a los gobiernos colorados. Todo sigue igual, salvo las modificaciones de hombres y colores en los puestos públicos, pero la estructura pesada y fracasada sigue como antes.
¿Qué se puede copiar de un presidente que no respeta a sus ministros y principales colaboradores, que, si a penas se le antoja, los destituye por canales denigrantes como un mensaje de texto o cuando están en plena misión diplomática por Europa, sin que exista la urgencia nacional ni los motivos judiciales?
Ante una percepción social que le restó credibilidad a sus mandatarios y el sarcasmo que se ganaron de los jóvenes, los docentes, “los segundos padres” de los alumnos, cumplen una función que va más allá de transmitir conocimientos para llenar la cabeza de información a sus estudiantes.
Hoy la responsabilidad de los maestros apunta a la prédica de valores, la educación cívica y a la formación de hombres y mujeres desintoxicados de los males que arrastran algunos escombros vivientes en nuestro país.

Está en las manos de los docentes servir a los más altos ideales de la República, impulsando el cambio, desde sus propias comunidades, con el apoyo y constante participación de los jóvenes.
Los maestros forman a los ciudadanos y gobernantes del mañana, que están destinados a enfrentar desafíos cada vez mayores de los tiempos venideros y honrar las deudas que dejan los malos administradores.
La gama de compromisos de los profesores es tan grande como sus almas mismas. Todos los días, como todos los años, hacen patria con la más sagrada profesión, la de ser maestros y maestras, verdaderos apóstoles de la educación.

Ojo, eh.
publicado el jueves 30 de abril de 2009, en el diario la nación

1 comentario:

Anónimo dijo...

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