jueves, 23 de abril de 2009

Susan Boyle y dos paraguayos destacados


Estos días los medios de comunicación -muy en especialmente los canales de televisión- difundieron imágenes de una británica de 47 años que deslumbró en un concurso de canto en el Reino Unido, y que en menos de 10 días vieron su video más 100 millones de veces en YouTube.
Esta mujer en tan poco tiempo, luego de que se descubriera su talento, se convirtió en la nueva estrella de Internet y del mundo del espectáculo. La apariencia de Susan Boyle engañó al público que la veía por primera vez.

Además con el típico cinismo humano, sustentado únicamente en lo que ven los ojos, se rieron de la concursante cuando pisa el escenario, sin tener la figura física de modelo, el peinado caro, ni el vestido de alta moda, ni la fama y celebridad artificiales. No. Todo lo contrario. Se presentó con sencillez, pero sin perder el objetivo de vista: “cantar frente a una gran audiencia". El público, que esperaba oír a una desafinada soñadora, se queda boquiabierta al escucharla cantar. Ante la sorpresa, se pusieron de pie y la aplaudieron.


Al finalizar su interpretación I Dreamed a Dream (Soñé un sueño) de Los Miserables, en el programa de televisión Britain's Got Talent, los tres miembros del jurado, anonadados la felicitaron y le otorgaron la venia para continuar en competencia. Recuerdo que una de los tres jurados, Amanda Holden, le dijo: "Me siento muy bien porque sé que todos estaban en tu contra. Hemos sido muy cínicos -y finalizó diciéndole- este ha sido el llamado de atención más grande que he tenido".

Este caso me lleva escribir que en nuestro país, en cuanto a talento, también tenemos a varias “Susan”, aunque no sea el canto su forma de manifestación. Dos personas adultas mayores paraguayas tienen como escenario la calle, donde mejor desarrollan sus especialidades, interpretando y administrando realidades. La primera es una voluntariosa mujer, que atiende esmeradamente, sin descuidar a su familia y nietos, a personas de la tercera edad, un sector marginado del país. El otro compatriota es Ramón Artemio Bracho, también padre y abuelo ejemplar, responsable de que se celebre el Día Mundial de la Amistad, cada 30 de julio.

La pereza nunca les sobrevino. Siempre están dispuestos a servir a la sociedad, sin que la edad, las limitaciones propias, y los compromisos familiares, les nuble el noble propósito que abrazaron siendo jóvenes. Ambos, destacados protagonistas en áreas diferentes, no se cansan de consolidar sus conocimientos y siguen estudiando y enseñando y, por sobre todo, sirviendo. Con humildad y sentido de experiencia trabajan con jóvenes que le ponen dinamismo y creatividad a sus iniciativas sociales.


Miles de estudiantes acompañan cada año el pedido de reconocimiento internacional del día de la amistad, ante las Naciones Unidas, que formula Bracho, y lo apoyan durante todo el año con campañas de concienciación sobre valores que consolidan el espíritu humano. Por su parte, Marcelina aglutina a varias comisiones vecinales e instituciones que atienden a adultos mayores para garantizar una mejor calidad de vida para las personas de la tercera edad y convertirse en nexo con los jóvenes, generando una relación intergeneracional.

Pese a que no aparezcan en la lista de videos de YouTube, doña Marcelina y Don Artemio reciban un reconocimiento –en vida– por su incansable y ejemplar labor.

Ojo, eh.

publicado el 23 de abril, en el diario La Nacion

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