viernes, 17 de abril de 2009

Visitame, soy Villa Oliva

Hola, no soy un cuento, soy un municipio de Ñeembucu, que se encuentra a 115 kilómetros de Asunción, vecino de la ciudad argentina Formosa. Desde 1845, me llamo Villa Oliva de Nuestra Señora del Rosario. Mi tierra está poblada con 3.250 habitantes, que se dedican a la pesca y a la agricultura.

Aquí la comisaría tiene poco trabajo, pues soy un sitio tranquilo, donde la paz es mi característica. No se escuchan casos de asaltantes ni víctimas de robos o violencia. El hospital también recibe escasos accidentados, ya que la gente aquí no parece estar apurada, ni desesperada por llegar a destino, como es frecuente en la capital del país.

Cuando me visitan extranjeros o paraguayos de otras localidades, me presento naturalmente, sin lujos, sin maquillaje artificial. Mi belleza está en las aguas limpias del río Paraguay que riegan mis pies, en el coro de las aves que peinan mi cabello azulado, en el aire puro, en mis casas coloniales, en mi iglesia parroquial, donde prestan colaboración unas diez misiones shoenstattianas, en mis escuelas y colegios, donde se forjan las mentes de los futuros líderes de un mañana cercano.

El pueblo está compuesto de hombres y mujeres de gran corazón, que saben conservar sus raíces, valorar sus costumbres y revivir sus tradiciones en cada encuentro. Aquí, todos se conocen, y cuando llega un extraño, es tratado como de la familia. El saludo y la despedida son característicos en los pobladores que ven a los visitantes.

Mis paisajes no solo son hermosos, con un cielo azul, en plena de luz del día, y lleno de estrellas, a la noche; también son sanos. La vegetación, por momentos, se parece a la de la región chaqueña. Las estancias, las casas dispersas, los campos de pastoreo, los bosques, los eucaliptales, los arroyos, se encuentran muy bien conservados.

Mis calles no ven el sol sin que estén siempre limpias, muy lejos de representar un peligro para los transeúntes, que ven este detalle también como un atractivo natural. De las variedades de peces que abundan en esta parte del río, se destacan las corvinas, que se convirtieron en el motivo del tercer festival nacional de canto y pesca, desarrollado semanas atrás, y que fue declarado de interés turístico.

Por mis caminos se divisan muchas estancias y granjas, donde se encuentran diferentes animales como zancudos, gallinetas, ñandúes, águilas y otras aves. In situ, quienes me visitan, descubren mi rico pasado histórico. Por mis caminos pasaron las tropas de la guerra contra la alianza y en este sitio, murió el obispo Marco Antonio Maíz, el 15 de mayo de 1848, durante una gira pastoral.
Solo dos preocupaciones me roban el sueño, la emigración de jóvenes, que van a Asunción u otro país para buscar trabajo o estudio universitario, y la falta de un camino más sólido para que la gente entre y salga del municipio sin muchos problemas, porque cuando llueve los caminos se clausuran por más de 24 horas.

Aquí, queremos progresar. El espíritu joven y las obras para caminos son esenciales, y se requiere de un trabajo en conjunto de las autoridades. Quien firma este artículo, me visitó hace 15 días, y quedó admirado con mi presentación.

Ojo, eh.
publicado el 19 de marzo de 2009, en el diario La nacion

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