martes, 16 de junio de 2009

Viejo… son los trapos




“Caminante,


son tus huellas el camino


y nada más;


caminante, no hay camino,


se hace camino al andar.


Al andar se hace camino


y al volver la vista atrás


se ve la senda que nunca


se ha de volver a pisar”



Poema de Antonio Machado

Con gran agrado leí un trabajo periodístico sobre la constancia de una mujer de 83 años, que está preparando su tesina para concluir sus estudios universitarios en artes visuales, en Paraguay.
El artículo que lleva el título: “La edad no es una barrera para estudiar”, fue publicado por el diario ABC Color, el pasado domingo 7 de junio de 2009. http://www.abc.com.py/2009-06-07/articulos/529008/la-edad-no-es-una-barrera-para-estudiar
La compatriota se llama Elsa Paniagua Formigli viuda de Correa y aspira ser una licenciada en artes visuales del Instituto Superior de Arte de la Universidad Nacional de Asunción.
Pese a que por el hecho de estar en la tercera edad podría justificar mayor conocimiento que los demás, dijo con humildad en aquella entrevista que “estoy interesada siempre en aprender. Me siento mal cuando no sé una cosa”.
Con esto, queda demostrado que la formación universitaria y los logros personales, no son una cuestión de edad, sino de constancia, permanencia, voluntad, apoyo e interés, por encima de las dificultades.
Hasta hoy día, hay quienes creen que si se llega a la tercera edad, se cruzó al tiempo de la decadencia de habilidades, de la producción laboral e intelectual, sumados a la incapacidad de aprender nuevos conocimientos. El mito de ese imaginario social que relaciona “vejez” con capacidades nulas, queda derrumbado. En tal sentido, es claro que los adultos mayores no están en la sociedad solo para contar historias de su vida como anécdotas.
El aprendizaje no es solo una facultad de los jóvenes, sino también de los adultos mayores…, de todos. El aprendizaje es un proceso que siempre está activo a lo largo de la vida. En este transcurso se motiva la actualización de los conocimientos que ya se tienen, se los convalida, se los asocia, se los compara, reflexionando sobre sus propias creencias.
Por mucho tiempo y hasta el presente, la tercera edad ha sido ignorada, discriminada, poco valorada. Si tuvieran más espacios en la vida nacional como un lugar en las universidades, con planes elaborados para una relación intergeneracional, el transcurrir de sus vidas hasta llegar finalmente al ocaso, sería más motivador, placentero, y digno.
Sin embargo, están olvidados. No hay propuestas estatales tentadoras para ellos, por lo tanto pensar, en este momento, en alternativas de ocupación es un chiste. El Estado mismo, en su indiferencia, prefiere no hacer nada y tener a los adultos mayores en sus casas, reposando, que empuñando cuadernos y lápiz de papel.
Si surgen casos como el de Elsa Paniagua, es por el deseo de auto superación permanente frente a la desidia gubernamental. Son logros personales, que no surgieron de políticas de estado para la tercera edad.
Ojo, eh.
publicado el jueves de 11 de junio, en el diario La Nacion

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