“Debajo de esa piel arrugada, está el mejor tesoro que tienes: un vencedor del tiempo”, dice uno de los spot radiales en Tegucigalpa, Honduras, que lo escuché por internet.
Sin dudas, las personas que han sobrepasado los 60 años de edad son un templo de la vida, del conocimiento y la experiencia. Y en el periodismo, son sumamente vitales para la segmentación de audiencias. Primero, son la memoria viva del pasado, del cual muchos no participaron. En segundo lugar, generalmente, son fieles guardianes del régimen democrático, tras haber vivido las diferentes etapas de la historia reciente. Tercero, son mediadores con alto nivel de conocimiento y experiencia a jóvenes periodistas y del público. Y, finalmente, son la garantía de que personas de la tercera edad tienen aún espacios para difundir sus pensamientos y su rol de comunicador.
No se puede prescindir de las voces del pasado; sería enterrar un tesoro del tiempo. En su mayoría, fueron testigos de la Dictadura. En muchos casos fueron víctimas de ese régimen. Contribuyeron con la apertura de la transmisión democrática, el proceso que sigue después de la caída de Stroessner, frustrados golpes de Estado, del Marzo Paraguayo y otros hechos de trascendencia.
Cómo negar la relevancia que juegan en la realidad nacional desde el periodismo, en sus diversas ramas, los señores Humberto Rubín, que comenzó su carrera como cronista a los 14 años y que en el presente es en un ícono de credibilidad. Otro interminable profesional de la locución es Rodolfo Schaerer Peralta, que sigue conduciendo eventos como maestro de ceremonia, dirigiendo programas radiales, y enseñando en las universidades.
También se encuentra Antolín Leguizamón, dueño de una voz cada vez mejor, que no se diluye con el paso del tiempo. Desde la emisora y sus columnas en el diario La Nación, Alberto Vargas Peña, demuestra su alto nivel de concentración de audiencia y conciencia.
Cómo negarle lucidez a Alcibíades González Delvalle, que escribe con una imperturbable óptica realista; la tenacidad y constancia del cronista del Sistema Nacional de Televisión, Alexis Casco Pane, que lleva más de 40 años de labor.
Están también el relator de fútbol, Arturo Máximo Rubin; los analistas Ramiro Domínguez y Víctor Jacinto Flecha; el radialista nocturno Nicolás Arguello; el ex presidente de Cerneco, Enrique Biedermann; Juan Carlos Amoroso y el mismo animador Ricardo Rodas Vill.
Entre las mujeres siempre laboriosas desde los micrófonos y la pluma, están Aída Lara, maestra de alma; la angelical voz de Celia María Benítez, la periodista Juanita Carracela y la analista Pepa Kostianosky.
Y aún existen muchos más a los que no cité, que oscilan o tienen por encima de los 60 años de edad y décadas de servicio, que trabajan desde una jefatura periodística, desde un programa de radio, desde una producción, desde un móvil de exteriores, desde una sala de redacción o desde las aulas enseñando esta profesión. No se entregan a la improductiva monotonía, quedando atrás. Son adultos mayores profesionales activos que forman parte del capital humano y productivo de nuestro país por su potencial creativo y de generación de valor para el desarrollo.
Ojo, eh.
Sin dudas, las personas que han sobrepasado los 60 años de edad son un templo de la vida, del conocimiento y la experiencia. Y en el periodismo, son sumamente vitales para la segmentación de audiencias. Primero, son la memoria viva del pasado, del cual muchos no participaron. En segundo lugar, generalmente, son fieles guardianes del régimen democrático, tras haber vivido las diferentes etapas de la historia reciente. Tercero, son mediadores con alto nivel de conocimiento y experiencia a jóvenes periodistas y del público. Y, finalmente, son la garantía de que personas de la tercera edad tienen aún espacios para difundir sus pensamientos y su rol de comunicador.
No se puede prescindir de las voces del pasado; sería enterrar un tesoro del tiempo. En su mayoría, fueron testigos de la Dictadura. En muchos casos fueron víctimas de ese régimen. Contribuyeron con la apertura de la transmisión democrática, el proceso que sigue después de la caída de Stroessner, frustrados golpes de Estado, del Marzo Paraguayo y otros hechos de trascendencia.
Cómo negar la relevancia que juegan en la realidad nacional desde el periodismo, en sus diversas ramas, los señores Humberto Rubín, que comenzó su carrera como cronista a los 14 años y que en el presente es en un ícono de credibilidad. Otro interminable profesional de la locución es Rodolfo Schaerer Peralta, que sigue conduciendo eventos como maestro de ceremonia, dirigiendo programas radiales, y enseñando en las universidades.
También se encuentra Antolín Leguizamón, dueño de una voz cada vez mejor, que no se diluye con el paso del tiempo. Desde la emisora y sus columnas en el diario La Nación, Alberto Vargas Peña, demuestra su alto nivel de concentración de audiencia y conciencia.
Cómo negarle lucidez a Alcibíades González Delvalle, que escribe con una imperturbable óptica realista; la tenacidad y constancia del cronista del Sistema Nacional de Televisión, Alexis Casco Pane, que lleva más de 40 años de labor.
Están también el relator de fútbol, Arturo Máximo Rubin; los analistas Ramiro Domínguez y Víctor Jacinto Flecha; el radialista nocturno Nicolás Arguello; el ex presidente de Cerneco, Enrique Biedermann; Juan Carlos Amoroso y el mismo animador Ricardo Rodas Vill.
Entre las mujeres siempre laboriosas desde los micrófonos y la pluma, están Aída Lara, maestra de alma; la angelical voz de Celia María Benítez, la periodista Juanita Carracela y la analista Pepa Kostianosky.
Y aún existen muchos más a los que no cité, que oscilan o tienen por encima de los 60 años de edad y décadas de servicio, que trabajan desde una jefatura periodística, desde un programa de radio, desde una producción, desde un móvil de exteriores, desde una sala de redacción o desde las aulas enseñando esta profesión. No se entregan a la improductiva monotonía, quedando atrás. Son adultos mayores profesionales activos que forman parte del capital humano y productivo de nuestro país por su potencial creativo y de generación de valor para el desarrollo.
Ojo, eh.
Publicado en el Diario La nacion, jueves 18 de junio de 2009



