viernes, 19 de junio de 2009

Decanos de las nuevas generaciones

“Debajo de esa piel arrugada, está el mejor tesoro que tienes: un vencedor del tiempo”, dice uno de los spot radiales en Tegucigalpa, Honduras, que lo escuché por internet.
Sin dudas, las personas que han sobrepasado los 60 años de edad son un templo de la vida, del conocimiento y la experiencia. Y en el periodismo, son sumamente vitales para la segmentación de audiencias. Primero, son la memoria viva del pasado, del cual muchos no participaron. En segundo lugar, generalmente, son fieles guardianes del régimen democrático, tras haber vivido las diferentes etapas de la historia reciente. Tercero, son mediadores con alto nivel de conocimiento y experiencia a jóvenes periodistas y del público. Y, finalmente, son la garantía de que personas de la tercera edad tienen aún espacios para difundir sus pensamientos y su rol de comunicador.
No se puede prescindir de las voces del pasado; sería enterrar un tesoro del tiempo. En su mayoría, fueron testigos de la Dictadura. En muchos casos fueron víctimas de ese régimen. Contribuyeron con la apertura de la transmisión democrática, el proceso que sigue después de la caída de Stroessner, frustrados golpes de Estado, del Marzo Paraguayo y otros hechos de trascendencia.
Cómo negar la relevancia que juegan en la realidad nacional desde el periodismo, en sus diversas ramas, los señores Humberto Rubín, que comenzó su carrera como cronista a los 14 años y que en el presente es en un ícono de credibilidad. Otro interminable profesional de la locución es Rodolfo Schaerer Peralta, que sigue conduciendo eventos como maestro de ceremonia, dirigiendo programas radiales, y enseñando en las universidades.
También se encuentra Antolín Leguizamón, dueño de una voz cada vez mejor, que no se diluye con el paso del tiempo. Desde la emisora y sus columnas en el diario La Nación, Alberto Vargas Peña, demuestra su alto nivel de concentración de audiencia y conciencia.
Cómo negarle lucidez a Alcibíades González Delvalle, que escribe con una imperturbable óptica realista; la tenacidad y constancia del cronista del Sistema Nacional de Televisión, Alexis Casco Pane, que lleva más de 40 años de labor.
Están también el relator de fútbol, Arturo Máximo Rubin; los analistas Ramiro Domínguez y Víctor Jacinto Flecha; el radialista nocturno Nicolás Arguello; el ex presidente de Cerneco, Enrique Biedermann; Juan Carlos Amoroso y el mismo animador Ricardo Rodas Vill.
Entre las mujeres siempre laboriosas desde los micrófonos y la pluma, están Aída Lara, maestra de alma; la angelical voz de Celia María Benítez, la periodista Juanita Carracela y la analista Pepa Kostianosky.
Y aún existen muchos más a los que no cité, que oscilan o tienen por encima de los 60 años de edad y décadas de servicio, que trabajan desde una jefatura periodística, desde un programa de radio, desde una producción, desde un móvil de exteriores, desde una sala de redacción o desde las aulas enseñando esta profesión. No se entregan a la improductiva monotonía, quedando atrás. Son adultos mayores profesionales activos que forman parte del capital humano y productivo de nuestro país por su potencial creativo y de generación de valor para el desarrollo.
Ojo, eh.
Publicado en el Diario La nacion, jueves 18 de junio de 2009

martes, 16 de junio de 2009

Viejo… son los trapos




“Caminante,


son tus huellas el camino


y nada más;


caminante, no hay camino,


se hace camino al andar.


Al andar se hace camino


y al volver la vista atrás


se ve la senda que nunca


se ha de volver a pisar”



Poema de Antonio Machado

Con gran agrado leí un trabajo periodístico sobre la constancia de una mujer de 83 años, que está preparando su tesina para concluir sus estudios universitarios en artes visuales, en Paraguay.
El artículo que lleva el título: “La edad no es una barrera para estudiar”, fue publicado por el diario ABC Color, el pasado domingo 7 de junio de 2009. http://www.abc.com.py/2009-06-07/articulos/529008/la-edad-no-es-una-barrera-para-estudiar
La compatriota se llama Elsa Paniagua Formigli viuda de Correa y aspira ser una licenciada en artes visuales del Instituto Superior de Arte de la Universidad Nacional de Asunción.
Pese a que por el hecho de estar en la tercera edad podría justificar mayor conocimiento que los demás, dijo con humildad en aquella entrevista que “estoy interesada siempre en aprender. Me siento mal cuando no sé una cosa”.
Con esto, queda demostrado que la formación universitaria y los logros personales, no son una cuestión de edad, sino de constancia, permanencia, voluntad, apoyo e interés, por encima de las dificultades.
Hasta hoy día, hay quienes creen que si se llega a la tercera edad, se cruzó al tiempo de la decadencia de habilidades, de la producción laboral e intelectual, sumados a la incapacidad de aprender nuevos conocimientos. El mito de ese imaginario social que relaciona “vejez” con capacidades nulas, queda derrumbado. En tal sentido, es claro que los adultos mayores no están en la sociedad solo para contar historias de su vida como anécdotas.
El aprendizaje no es solo una facultad de los jóvenes, sino también de los adultos mayores…, de todos. El aprendizaje es un proceso que siempre está activo a lo largo de la vida. En este transcurso se motiva la actualización de los conocimientos que ya se tienen, se los convalida, se los asocia, se los compara, reflexionando sobre sus propias creencias.
Por mucho tiempo y hasta el presente, la tercera edad ha sido ignorada, discriminada, poco valorada. Si tuvieran más espacios en la vida nacional como un lugar en las universidades, con planes elaborados para una relación intergeneracional, el transcurrir de sus vidas hasta llegar finalmente al ocaso, sería más motivador, placentero, y digno.
Sin embargo, están olvidados. No hay propuestas estatales tentadoras para ellos, por lo tanto pensar, en este momento, en alternativas de ocupación es un chiste. El Estado mismo, en su indiferencia, prefiere no hacer nada y tener a los adultos mayores en sus casas, reposando, que empuñando cuadernos y lápiz de papel.
Si surgen casos como el de Elsa Paniagua, es por el deseo de auto superación permanente frente a la desidia gubernamental. Son logros personales, que no surgieron de políticas de estado para la tercera edad.
Ojo, eh.
publicado el jueves de 11 de junio, en el diario La Nacion

jueves, 4 de junio de 2009

“Busco novia. Quiero sexo. Llamame al 0…”


El título de este artículo no es un invento, ni antojo mío hecho público, buscando alguna pareja ocasional para complacer ese apetito carnal. No. Es uno de los miles de mensajes que he hallado en los últimos años en los diferentes baños públicos de Asunción, en los que, por la “urgencia” del momento, he visitado, fundamentalmente durante mis coberturas periodísticas.

Similar a internet, los que escriben en los toilette utilizan el anonimato para dejar impresos sus grandes verdades que nunca dirían en persona. Y sin buscarlo, crean una antología del retrete.
Los baños, con ese panorama, son la galería de los anónimos, el paseo de los rebeldes, el muro de los lamentos de los anárquicos.

Pero no solo están los literatos urbanos, también están los que tienen alguna gran fijación hacia los miembros sexuales. Por ejemplo, dibujan con tamaños desproporcionados los pechos de las mujeres y otras zonas ocultas y deseadas.

Paralela a esa necesidad del cuerpo, al momento de producirse la complacencia con el organismo, surge una necesidad insatisfecha: la expresión reprimida por las reglas sociales. Entonces, el sanitario se vuelve como el mural liberador por excelencia, en donde el anonimato permite ocultar la identidad personal.

Mi curiosidad por estos escritos, me ha llevado a colectar varias frases, que están diseminas por las paredes, espejos, puertas, ventanas, hasta por el mismo inodoro. En tal sentido, hasta podría clasificar estas viñetas eróticas.

Están aquellos que utilizan el baño como un lugar para otro tipo de “desahogo” además del biológico, como los ofrecidos. Expresan sus ambiciones sexuales. “estoy caliente, quiero tener sexo contigo, llámame: al…”. Casi similares, aparecen los cafichos que ofrecen intermediar para conseguir algún encuentro ardiente, y escriben: “Mi chica te hará de todo…”.

Por otro lado, están los que quieren despertar conciencia ciudadana. “Cuidá el medio ambiente, empezando por este baño”, "Prohibido cagar más de un kilo". Y está el más famoso: “Caga feliz, caga contento, pero, por favor, caga adentro!!!”.

En este conjunto, está el propagandístico. “Para que no nos caguen más, votale a Raquel…”. No faltan los sarcásticos. “El arte de un cocinero va a parar a este agujero”. Nunca faltan los predicadores escribiendo, por ejemplo. “Entrégale tu vida a Jesús, y serás salvo” y “Cristo te ama”.

Luego están los amenazantes. “Si volvés acá, te cago a patadas”. Y también el fanatismo llega hasta los retretes. Sí, los fanáticos de los clubes futbolísticos fundamentalmente: “Todos los olimpistas son pu…”

Este desahogo emocional que inunda los baños públicos, deja un claro mensaje: las paredes tienen una historia que contar, mucha gente tiene problemas de falta de comunicación con el entorno y prefiere el anonimato para liberar su pensamiento, emociones y sentimientos, y aunque pueda no parecerlo, tratan de encontrar alguna orientación aunque provenga de un desconocido. Si está bien o mal escribir en esas paredes, será tema de otro día.

Ojo, eh.


publicado en el diario La Nación, el jueves 4 de junio de 2009